SE ESTÁN DISGREGANDO EL ESTADO Y EL SISTEMA

 

INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE (edición europea) publicó en la entrega del 18-I-88 una entrevista con Milovan Djilas, quien no hace mucho asistió en París a un simposio sobre los derechos humanos. En la primera parte de la entrevista, Djilas contestó las preguntas concernientes a la Unión Soviética, a Gorbachov y a su 'glasnost'. En la parte final, el periodista preguntó, entre otras cosas:

 

P(regunta): Como autor del libro clásico sobre el nomenclador, ¿qué le parece el progreso actual de la 'Nueva Clase'?

 

R(espuesta): Gorbachov es el producto de la Nueva clase. Trata de remozarla e infundirle vida nueva. Quiere modernizar el sistema existente. Tal vez al comienzo tenga éxito, por cuanto la Unión Soviética es un país rico, con más especialistas de que hace falta, para "aggiornar" la economía. Luego, si las relaciones sociales no se adecúan a los nuevos esquemas, la crisis se ahondará todavía más. Pero, si bien algunos comunistas pueden cambiar, el comunismo como tal no cambiará. Las 'manos duras', los que monopolizan el poder, se quedarán hasta el final.

 

P.: Alexander Dubček comparó, no hace mucho, glasnost con las reformas, causa de su destitución del cargo máximo en Checoeslovaquia. ¿Está de acuerdo con su evaluación?

 

R.: No estoy de acuerdo. En Checoeslovaquia el proceso de cambio giraba hacia un sistema pluralista democrático. Dubček no tomó conciencia de ello, pero otros en su alrededor sí que eran conscientes.

 

P.: ¿Qué pasó con el comunismo en su país?

 

R.: Aquí tenemos el primer caso en que el comunismo se descompone por dentro. El partido está dividido en una serie de oligarquías nacionales, conforme al criterio nacional.

 

P.: ¿El partido comunista sobrevivirá?

 

R.: No, en esta forma. Acaso llegue a transformarse en algo similar a la democracia social occidental. Mas el sistema en Yugoslavia no puede sobrevivir sin una especie de la intervención externa. Aquí pienso en la intervención rusa, pero no afirmo que sea una previsión realista. Por supuesto, eso dependerá si el Occidente será fuerte lo suficientemente como para no permitir semejante ingerencia en los asuntos yugoslavos.

 

P.: ¿Podrá mantenerse Yugoslavia como estado?

 

R.: Muy difícil. El proceso de la desintegración es cada día más obvio. Existe también el proceso de la integración, pero no está organizada y no es tan evidente. El ejército sigue siendo unido. Tampoco la policía está desintegrándose. Y, salvo la minoría ( ¡sic! — N. del T.) albanesa en Kosovo, no se advierte tendencia alguna a la violencia. (Cabe aclarar que en la provincia autónoma de Kosovo habitan cerca de 1.600.000 albaneses y sólo 200.000 servios y montenegrinos. Es absurdo, entonces, hablar de una 'minoría albanesa', N. del T.). No trasciende un movimiento separatista vigoroso. Pero el sistema se descompone. Definitivamente.

 

P.: ¿Qué dejó Tito como herencia a Yugoslavia?

 

R.: Muy poco positivo. Tal vez salvó el estado. Pero el sistema que legó no es bueno. Ni con el Tito en vida funcionaba bien. Lo único que funcionaba bajo Tito era el Tito mismo.