VINO
NUEVO EN ODRES VIEJOS
En la
prensa diaria se leen con frecuencia noticias alarmantes sobre la persecución
de la población albanesa de Kosovo, territorio ubicado en la República
Socialista de Servia. En vista del genocidio que pende sobre 1.800.000
pobladores albaneses de Kosovo, es oportuno remontarse a la actitud de Belgrado
de hace más de 50 años.
La
evoca la revista semanal de Zagreb Danas (26-I-1988) recapitulando el
informe del doctor Vaso Čubrilović, varias veces ministro y académico
servio, presentando al influyente Club cultural servio de Belgrado en 1937 con
el título: La expulsión de los arnaútes (arnaúte es el nombre que se da a los
albaneses fuera de su patria). Dicho informe fue publicado a comienzos del año
en curso por el principal órgano del partido comunista yugoslavo Borba, en
entregas sucesivas. Por ello su actualidad que nos impulsa a transcribir los
párrafos siguientes:
"...El
aparato estatal debería explotar las leyes hasta su extremo para amargar la
existencia de los arnaútes en nuestro país: impuestos, sanciones por
contrabando, por tala de bosques, indemnizaciones por daños en el campo, la
obligación estricta de tener atados a los perros, el cumplimiento riguroso de
los trabajos forzados sin salario, y recurso a todos los medios coercitivos que
puede imaginar un celoso aparato policial. En el plano económico: desconocer
antiguos títulos de propiedad, suspender la actividad de registros de
propiedad, forzar el cobro de impuestos y de todas las deudas privadas y
públicas; suspensión del pastoreo comunal y fiscal, abolición de todas las concesiones
otorgadas, retiro de licencias profesionales y artesanales, destitución de
cargos oficiales, de empleos privados y municipales. Todo ello acelerará el
proceso de migración. Incluso cabe aplicar medidas prácticas y eficientes en
materia sanitaria. Los arnaútes son muy sensibles en materia religiosa, de modo
que hay que golpearlos también allí. Se debe perseguir a sus sacerdotes,
destruir sus cementerios, prohibir la poligamia... Todavía queda un medio que
Servia utilizó de manera muy práctica después de 1878 y que consiste en el
incendio furtivo de las aldeas albanesas y de los barrios albaneses en las ciudades"..
.
Como
se ve: vino nuevo en odres viejos. La misma táctica y la misma política en
ambas Yugoslavias —la monárquica y la comunista— ambas al servicio exclusivo de
los intereses imperialistas de Servia y en perjuicio de otras nacionalidades
que integran la Comunidad Sureslava.