ZAGREB — SEDE DE LA UNIVERSIADA 1987

 

El semanario inglés THE ECONOMIST del 11-17 de julio último publicó un reportaje titulado "Las ciudades europeas - Zagreb más feliz en el corazón de Europa". Por ser muy interesante, lo reproducimos íntegro:

 

Como lo descubrió Seúl, el hecho de ser sede de una Olimpíada puede entrañar cambios múltiples. Zagreb, donde se inauguró la Olimpiada estudiantil bianual, pasa por una experiencia similar, si bien menos agitada. Durante decenios y decenios Zagreb, la segunda ciudad de Yugoslavia, estaba postergada y abandonada. Nuestro corresponsal informa que Zagreb ahora empieza a erguir altivamente su cabeza, gracias en parte al cotejo deportivo Universidad-87.

 

En la Plaza de la República, la plaza mayor de Zagreb, pasean grupos de gente y miran a su alrededor. Su ciudad, antes llamada "Zagreb Blanca", pero últimamente gris y en ruinas, acaba de pasar por un tratamiento embellecedor. Los paseantes embelesados miran edificios altos y elegantes, despojados de andamios y encofrados, descubriendo fachadas decoradas con figuras de dioses y diosas, de leones y dragones que hasta ahora, durante decenios, estuvieron cubiertos con capas de hollín y excrementos de palomas. La "Ciudad Superior" medieval, ubicada en una loma por encima del centro urbano, quedó también remozada en todo su esplendor. Igual que la catedral católica en el Cabildo contiguo.

 

Zagreb es una ciudad antigua. En los documentos escritos aparece por primera vez en 1094, o sea cuando se convirtió en sede del obispado y escasos años antes de que Croacia dejó de ser un reino independiente y se asoció con Hungría. Igual que Viena, Zagreb nunca fue conquistada por los turcos, si bien escapó por un pelo: en 1489 el ejército turco llegó hasta las murallas de la ciudad. pero fue detenido por las aguas desbordadas del río Sava y nunca más volvió. Las útimas décadas del gobierno de los Habsburgo, antes de que la vieia monarquía se desintegrara en 1918, marcaron para Zagreb la época de su florecimiento económico y cultural. En ese tiempo. precisamente, se levantaron magníficos edificios públicos que ahora, renovados, son redescubiertos.

 

Zagreb cuenta hoy con 870.000 habitantes (1.200.000, si incluimos su conurbano) frente a 250.000 en 1940. Aloja cerca del 10 por ciento de la industria yugoslava. Mas, igual que durante el régimen monárquico (los Karageorgevich), durante el gobierno comunista desde 1945 esta ciudad tuvo que pelear duro para no convertirse en un anodino anexo de Belgrado, capital de Yugoslavia.

 

Los zagrabienses se acuerdan cómo Većeslav Holjevac, héroe de guerra y un intendente muy popular después de 1945, peleó para no permitir que la feria de Zagreb, una de las más viejas de Europa, fuese trasladada a Belgrado. Lo logró, pero su denodada oposición le costó el cargo de lord mayor. Miroslav Krleža, el mayor escritor contemporáneo croata, recurrió a su amistad personal con Tito para impedir que su prestigioso Instituto Lexicográfico fuese trasladado a Belgrado.

 

Igual que las demás ciudades europeas, sometidas al gobierno comunista, Zagreb tuvo que pagar alto precio por la obsesión de sus gobernantes respecto a ingentes inversiones en la industria pesada y por su desinterés total en cuanto al mantenimiento y conservación de los monumentos. La consecuencia fue que el centro de Zagreb y hasta los barrios nuevos, construidos después de 1945, se volvieron asquerosamente derruidos. Pequeñas viviendas familiares, de propiedad privada de los obreros de Trešnjevka, con su aspecto externo limpio y huertas bien cultivadas, constituyen un contraste llamativo. Incluso en las ciudades occidentales pueden verse contrastes semejantes, pero en su totalidad en oriente eso aparece todavía más gris y chato.

 

La misma Univerzijada, al principio, parecía sospechosamente análoga a un elefante comunista blanco más. Al revés de la Olimpiada Invernal de Sarajevo de 1984 no se esperaba sacar beneficio o divisas extranjeras de ese certamen deportivo estudiantil. Precisamente Zagreb se sorprendió a sí misma.

 

Los políticos croatas empezaron a enfocar ese concurso deportivo como una inversión para el futuro de la ciudad, tanto politico como económico. Recolectaron dinero donde pudieron encontrarlo, no sólo, para los juegos deportivos sino para el embellecimiento de la ciudad. Junto a nuevas e impresionantes instalaciones deportivas o modernizadas, Zagreb dispone ahora de un nuevo centro de procesamiento de datos, de una nueva central telefónica automática y de un flamante centro gráfico y televisivo.

 

Hasta su vida cultural adquiere una nueva pincelada. La nueva galería de arte Ante Topić-Mimara es tal vez la contribución más significativa a esa renovación, a lo que debe sumarse el nuevo teatro juvenil. Quedó modernizada la Opera Nacional Croata y varias salas de concierto. Incluso la nueva mezquita de Zagreb, edificada para uso de numerosos musulmanes radicados en Zagreb, pero todavía sin inaugurar debido al pleito pendiente si puede anexar o no un centro social y educativo, fue puesta a disposición de los participantes y visitantes de la Univerzijada:

 

Nada de eso sale barato. Sólo el cálculo oficial del certamen deportivo alcanza 92 mil millones de dinares (140 millones de dólares según el curso de cambio oficial). Los funcionarios sostienen que las cuatro quintas partes de ese monto quedan cubiertas mediante el patrocinio, la venta de lotería y las remesas de los trabajadores, empleados en Europa occidental; los presupuestos federal y de la república de Croacia cubren el resto. Para pagar la nueva central telefónica, los abonados croatas afrontarán facturas más elevadas que otros usuarios en Yugoeslavia durante el decenio próximo. Para abonar la cuenta -y dicen que oscila entre 30 mil millones de dinares— de la reforma de los edificios viejos y la erección del nuevo teatro, los habitantes de Zagreb aportaron un jornal cada uno en 1984 y 1985.- Hace falta tiempo, si es que alguna vez ocurra - que todas esas inversiones sean compensadas por el esperado auge (boom) turístico.

 

Orgullo de Croacia

 

¿Valió la pena todo esto? Toda esa actividad originó ciertos rumores, debido a tantas obras de refacción y reconstrucción de instalación sanitaria y porque los trabajos duraron más tiempo de lo necesario, debido a controversias y pleitos entre distintas autoridades comunales involucradas. Las habladurías se aplacaron ahora. Zagreb luce hermosa; la desocupación es del 1,7% en comparación con el promedio yugoslavo del 14%; y a los habitantes de Zagreb empieza a gustarles toda esa historia.

 

Tras la purga practicada en 1971 por Tito que puso fin al período liberal en Croacia (la llamada Primavera croata, N. del T.) siguió una disposición de ánimo lindante con la desesperación. Ahora la situación cambia. Zagreb, que en los últimos años de la década del 70 y los primeros de la del 80 era conocida como ciudadela del dogmatismo partidario comunista, ahora cuenta con una conducción más flexible encabezada por el ex director fabril, Ante Marković. (Antes y ahora las principales palancas del poder están en manos de la minoría servia [11,5 %] en Croacia, N. del T.)

 

Marković y sus colegas se zafaron del ala radical del partido (los manos duras): a los más viejos los jubilaron y a cierto número de los más jóvenes les asignaron cargos federales en Belgrado. Mientras tanto, Zagreb experimentó el aire resfrescante de glasnost (apertura, transparencia). La radio juvenil, dirigida por los estudiantes, atrae enorme auditorio por sus emisiones vivaces y (políticamente) osadas. (Los radioescuchas abrigan la esperanza que las emisiones no cambiarán cuando de su madriguera actual, situada en un hogar estudiantil periférico, se traslade al centro, al nuevo teatro juvenil). Aquí también está el periódico Danas, que unánimemente es tenido por el semanario más interesante en Yugoslavia.

 

Dicho semanario debe en gran parte su popularidad actual, que excede las fronteras de Croacia, a Tanja Torbarina, su brillante comentarista de televisión, y que, además, se convirtió en la lectura buscada por todos los políticos. En uno de sus artículos recientes aconsejó a los jefes partidistas dejar de buscar a "sus enemigos en la derecha". En cambio, deberían centrar su atención en los obreros que ganan menos de 100.000 dinares (cerca de 150 dólares) por mes, quienes —puntualizó Tanja Torbarina— deben ser enemigos del sistema...

 

Como cuadra a una ciudad que redescubre su pasado centroeuropeo, los de Zagreb se interesan mucho por lo que pasa en los países que integraban el ex imperio austro-húngaro. No hace mucho la revista zagrabiense Gordogan dedicó toda una sección a la Europa central. Fueron reproducidos ensayos de Milan Kundera, Gyorgy Konrad, Joseph Roth y de otros. Se incluyó también una reflexión vivaz del escritor croata Branimir Donat referente a la cocina centroeuropea, que define como un reflejo auténtico de una civilización, basada en la razón y la moderación.

 

¿Significa todo ello una especie de arranque de la nostalgia filohasburguesa? No, sólo se trata de la búsqueda de horizontes espirituales e intelectuales más amplios. Claro, la evocación de Mitteleuropa (Europa central) estorba a los comunistas empedernidos. Pero, por lo menos en estos momentos, nadie se ocupa de esas moscas molestas.