Reseña de libros

 

MILAN RISTOVIĆ: "Pokušaji Nezavisne Države Hrvatske da uspostavi diplomatske odnose s Turskom (1941-1943)" (Las tentativas del Estado Independiente de Croacia para establecer relaciones diplomáticas con Turquía 1941-1943), en 'Istorija 20. veka' (Historia del siglo XX), Año I, N. 1, Belgrado 1983, pp. 59-73.

 

En el primer número de la revista Historia del siglo XX, publicada en el idioma servio, órgano del Instituto para la historia contemporánea, fundado en Belgrado en 1983 a la manera del Institut für Zeitgeschichte de Munich (1953), Milan Ristović, integrante de dicho instituto científico, investiga las tentativas del gobierno del Estado Independiente de Croacia durante los tres primeros años de su existencia, para establecer las relaciones diplomáticas con Turquía. A diferencia de España, también neutral en el conflicto bélico como lo fue Turquía, que había reconocido de jure al Estado Independiente de Croacia (en adelante: E.I.C.) e intercambiado las representaciones diplomáticas de ambos países en Madrid y Zagreb[1] —manteniendo simultáneamente en Madrid la representación diplomática del gobierno yugoslavo con sede en Londres— el gobierno de la República de Turquía, en cambio, se mostraba un tanto reacio a los intentos del gobierno croata de establecer tales relaciones entre ambos países que, a través de la población musulmana de Bosnia y Herzegovina, tuvieron intereses comunes por lo menos en lo cultural y lo religioso. Sin embargo, el gobierno turco se negaba a comprometer su neutralidad durante la guerra, en el curso de la cual fue restablecido el Estado croata como un nuevo sujeto de la comunidad internacional, en aquel tiempo dividida en cuanto al reconocimiento de cambios en el sistema de Estados existente durante la época de preguerra.

 

La fuente de investigaciones históricas de M. Ristović es el Archivo de Yugoslavia, que contiene los informes diplomáticos y telegramas del Dr. Ilija Šumenković, embajador yugoslavo en Angora, luego el Archivo del Instituto histórico militar, que guarda el Archivo del E.I.C. con los informes diplomáticos de la embajada croata en Sofía, y, por fin, el Archivo diplomático del Secretariado federal de asuntos exteriores: Colección E.I.C. con los informes diplomáticos del embajador croata en Sofía, Dr. Vladimir Židovec, uno de los más lúcidos intelectuales croatas, que fue capturado en Génova, en 1947, por el nefasto mayor británico, Stephen Clissold, y entregado a los comunistas yugoslavos quienes lo condenaron a muerte y fusilaron. Es digno de atención que todas estas fuentes de investigación se hallan concentradas en Belgrado, centro del poder político del conglomerado multinacional yugoslavo, sin tener en cuenta que los archivos políticos y militares del Estado Independiente de Croacia pertenecen al Archivo Nacional en Zagreb.

 

El primer contacto entre el gobierno croata y el gobierno turco fue establecido "informalmente" en otoño de 1941 al entrevistarse Fursan Selquk, un alto funcionario del Ministerio de relaciones exteriores de Angora, con el embajador croata en Sofía, Dr. Vladimir Židovec. Durante esa entrevista el diplomático turco señaló que "en ese preciso momento se encuentran en Croacia dos funcionarios turcos con el propósito de indagar la situación con miras al establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, aunque la misión de ellos aparenta solamente una delegación comercial".

 

Más o menos en este mismo tiempo se registra la primera misión inoficial de Zagreb a Constantinopla. Se trata del viaje de Munir Šahinović Ekremov, escritor y periodista croata de Sarajevo, emprendido con el fin de informar las autoridades turcas acerca de la situación de los musulmanes a la luz de la actividad de los chetniks servios y los comunistas en Bosnia, región meridional del Estado Independiente de Croacia. Respecto a ese viaje el autor del ensayo que reseñamos sostiene —sin alegar prueba alguna para ello— que el embajador alemán en Sofía, Beckerle, había sido previamente informado acerca de los planes de Šahinović y que éste viajó con "permiso, ayuda y protección" de Berlín, o sea del Ministerio de relaciones exteriores del Tercer Reich.

 

Luego M. Ristović describe los empeños del embajador yugoslavo en Turquía, Ilija Šumenković, a fin de paralizar y malograr la primera misión croata: sus intervenciones ante el ministro de relaciones exteriores, Saragoglu, para que no otorgue audiencia a Šahinović. Ristović conjetura que debido a la actitud de Šumenković, la insistencia de Šahinović para que se le conceda la audiencia solicitada ha sido "enérgicamente rechazada". Además, señala Ristović, la "buena voluntad" de los diplomáticos turcos en Sofía demostrada hacia Šahinović, en el suelo turco ha sido sustituida por el "aparente desinterés (...) y por cierta dosis de desprecio".

 

Por fin, el embajador yugoslavo había instado repetidas veces ante las autoridades turcas para que el emisario croata sea expulsado de Turquía, imputándole "que con anterioridad había escrito contra Kemal-bajá y el nuevo régimen turco". Saragoglu —escribe Ristović— no accedió al pedido del embajador yugos-lavo "temiendo una eventual reacción alemana". En realidad, Munir Šahinović Ekremov había publicado el libro "Turquía, hoy y mañana" en el cual describió "la grandiosa obra de Kemal Ataturk y de su generación" -como lo califica el profesor Vinko Nikolić en La Revista Croata, Vol. 4/1955, pág. 399—. Munir Šahinović Ekremov fue asesinado en Zagreb, en 1945, por los comunistas yugoslavos.

 

También los contactos entre los embajadores croatas y los turcos en distintas capitales europeas, especialmente en Berlín, "que podrían ser interpretados como algo parecido al reconocimiento de tales Estados" (i.e. Estado títere!), han sido objeto de protestas por parte del "cauteloso" embajador yugoslavo Šumenković, escribe Ristović. Sin embargo, el poco éxito que tuvieron estas protestas yugoslavas lo demuestra el caso del embajador turco en Berlín, en verano de 1943, quien, devolviendo la visita protocolar al embajador croata, el profesor Stjepan Ratković. vino acompañado por el consejero de la embajada turca para que éste conozca al embajador croata que sabía expresarse en idioma turco. (Ver: La Revista Croata, Vol. 1-2/1969, p. 151).

 

Después de Šahinović, en junio de 1942, llegaron a Turquía Hivzi Košarić y Mohamed Mujagić con el propósito de juntar fondos para la mezquita de Zagreb, pero —según relata M. Ristović— volvieron a casa muy descontentos. Al respecto, cabe aclarar que el pabellón artístico, construido en Zagreb por el escultor croata Ivan Meštrović, fue convertido en mezquita al agregársele tres minarets de 45 m. de altura y otras construcciones e instalaciones; esta mezquita fue decorada con inscripciones sagradas, realizadas por Mohamed ef. Mujarić, Juez supremo en lo religioso (šari'a) y uno de los más conocidos calígrafos en letras arábigas. Los minarets y las construcciones adicionales de la mezquita, abierta en 1943, fueron destruidos por los comunistas yugoslavos al ocupar Zagreb, en 1945.

 

Más tarde, nuevamente llegó Mohamed Mujagić a Turquía, esta vez acompañado por Ismet Muftić, muftí de Zagreb y miembro del Consejo Nacional Croata, solicitando ayuda para la población musulmana de Bosnia, damnificada por la guerra, y, a tal efecto, la audiencia con el presidente de la república, Ismet Inđny. AI enterarse de estas intenciones —escribe M. Ristović— el embajador yugoslavo protestó ante el presidente del gobierno Saragoglu, quien derivó la delegación croata a las autoridades religiosas turcas, por ser su presencia en el país de "índole religiosa" y la República de Turquía un estado laico. El autor no informa, sin embargo, con qué resultado financiero Mujagić y Muftić volvieron a Croacia, menos aún que el muftí de Zagreb, Ismet ef. Muftić, ha sido ultimado por los comunistas yugoslavos en la puerta principal de la mezquita de Zagreb, en 1945.

 

Con más éxito visitó Constantinopla y Angora, en 1942, el agregado cultural de la embajada croata en Sofía, Stipe Mosner. A pesar de los empeños del embajador yugoslavo Šumenković por entorpecer la actividad del diplomático croata, Mosner logró entrevistarse con altos funcionarios del Ministerio de relaciones exteriores quienes accedieron a la "cooperación cultural", lamentando no poder, dadas las circunstancias, permitir la apertura del consulado croata en Constantinopla. Además, Mosner estableció contactos con los más importantes periódicos turcos de orientación pro-Eje y los proveyó de material informativo a fin de contrarrestar la propaganda yugoslava. Luego de la visita del agregado cultural, a fines de diciembre de 1942, apareció en Turquía una misión croata compuesta por Hasan Šuljak y Vinko Mandekić, dos periodistas que hablaban el turco. Después de haber visitado varias redacciones de diarios "también la actividad de esta misión terminó sin gloria por expulsión" —escribe M. Ristović con un dejo de malevolencia mal disimulada— pues el oficial de inteligencia yugoslava en Constantinopla, el mayor Vladimir Perić, facilitó a la policía turca un artículo de Mandekić sobre el sistema penal turco.

 

En la segunda mitad de 1942 empieza a publicarse en Zagreb la revista Dogu ve Bati (El Oriente y el Occidente) en el idioma turco. En 1943 fue fundada "La Editorial Musulmana - Zagreb-Sarajevo", en la cual cooperaba la redacción del periódico Osvit (Aurora) que en Turquía tenía muchos suscriptores. Todas estas tentativas periodísticas ponen ahora énfasis en lo cultural e histórico, evitando lo político-nacional, a fin de no provocar temores de las autoridades turcas respecto a la posible irredenta croata entre los ciudadanos de Turquía, inmigrantes de Bosnia y Herzegovina, después de la Primera guerra mundial.

 

Todas estas consideraciones las elabora el autor en las dos primeras secciones de su estudio, señalando que no hay datos que hacen a las nuevas misiones del Estado Independiente de Croacia en Turquía después de la segunda mitad del año 1943. Las derrotas alemanas en el frente oriental y la caída de Italia han producido un franco cambio en la política turca respecto a la "coalición antifascista", de modo que el gobierno "ustasha", "cuyo fin se vislumbraba en virtud de los crecientes embates del NOB (i.e. "Lucha de liberación nacional") — escribe enfáticamente Ristović, dejaron de insistir sobre el reconcimiento internacional de su "creación estatal, condenada al rápido naufragio". No obstante, el Estado Independiente de Croacia fue de jure reconocido por 12 Estados (9 europeos y 3 asiáticos) y de facto por 3 Estados; él mismo otorgó 5 reconocimientos de Estados y/o gobiernos. "El naufragio" del E.I.C. se produjo recién dos años más tarde, en mayo de 1945.

 

En la tercera parte de su ensayo el autor aborda el problema de los efectos que los relatados intentos del E.I.C. ejercieron en el gobierno turco para despertar su interés por la suerte de los musulmanes de Bosnia y Herzegovina. Ristović reconoce que "las tradicionales afinidades históricas y confesionales", que el E.I.C. invocaba en sus contactos con las autoridades turcas, inevitablemente surtieron el incremento de la "preocupación" turca pur sus posesiones de otrora. (B. y H. formaban parte del Imperio turco durante 400 años [1463-1878]!) Además —sigue explicando el autor—, el movimiento revolucionario y la lucha de "los pueblos yugoslavos", debido a sus "claros fines y repercusiones" en los demás países balcánicos (i.e. de implantar el régimen comunista!), "forzosamente contribuyeron a los recelos respecto a la posibilidad de la propagación del ardor revolucionario hacia Turquía".

 

Buscando justificativos a evidentes resultados positivos de los empeños croatas, el autor no pudo pasar por alto 'la inquietud que en las filas del gobierno yugoslavo en exilio suscitaban las noticias, que por distintas vías llegaban del país, sobre los crímenes cometidos por los chetniks servios sobre la población musulmana que se había incrementado en la segunda mitad de 1942 y la primera mitad de 1943, fomentando la formación del falso concepto de la opinión pública en el Occidente sobre el ejército real en la patria". Las noticias de la prensa croata, las quejas provenientes de Bosnia y Herzegovina y dirigidas al gobierno turco y al presidente de la república, y los informes de los cónsules turcos "incitaron a los cautelosos políticos turcos a investigar más detenidamente los acontecimientos en Bosnia* mediante su propia misión.

 

Efectivamente, basándose en el informe del embajador croata en Sofía, Dr. Vladimir Židovec, al gobierno croata, de fecha 30-11-1942, Ristović describe la misión del periodista e integrante del servicio de información turco, Cegene, a Zagreb y Sarajevo. "Las operaciones de los chetniks contra la inocente población musulmana (iniciadas so pretexto de "venganza" por las matanzas perpetradas por los ustasha) movieron a Angora, en la primavera de 1943, a llamar la atención sobre las mismas del gobierno británico y yugoslavo en exilio" —escribe Ristović, quien señala que el gobierno británico informó a su delegado en el cuartel del general Draža Mihailović, ministro de guerra del gobierno yugoslavo en exilio y comandante supremo de los chetniks servios, de que "el gobierno turco está inquieto por los rumores que llegan a Constantinopla sobre el trato de que son objeto los musulmanes a manos de los chetniks".

 

Aunque el gobierno británico "considera que tales noticias son falsas y producto de la propaganda enemiga", no obstante ello "una desmentida del general Mihailović encontraría cálida acogida en Turquía". A pesar de las instrucciones impartidas por el gobierno yugoslavo en Londres al general Mihailović "de que, en vista de la importancia de Turquía en los acontecimientos militares inminentes, debe evitarse todo lo que pudiera parecer como una guerra religiosa entre nuestros ortodoxos y musulmanes ... ", todas estas instrucciones enviadas a D. Mihailović "naturalmente, no surtieron ningún efecto serio en la 'política' de los chetniks para con los musulmanes" —admite Ristović, evidentemente a pesar suyo, sin embargo, siguiendo la vieja política comunista de repartir los `crímenes de guerra" entre los chetniks y los ustasha por partes iguales, excluyendo, naturalmente, a los partisanos comunistas.

 

¿Por qué de esta conducta de los chetniks servios para con los musulmanes croatas? - ¿Tienen los supuestos crímenes de los ustasha algo que ver con las matanzas de los musulmanes por parte de los chetniks? — como lo insinúa M. Ristović. ¡Por cierto, no! He aquí algunos testimonios que demuestran que la idea fija de los servios acerca del exterminio de los musulmanes es de larga data (sociológicamente comprensible en vista de la larga [cca 400 años] ocupación de Servia por los turcos; para la mayoría de los servios, aún hoy en día, ¡todo musulmán es turco!):

 

a) En 1875, cuando se preparaba el alzamiento de los cristianos en Bosnia y Herzegovina para liberarse de los turcos, el franciscano bosníaco fray Antonio Knežević visitó en Belgrado al ministro servio Blaznavac quien sintetizó su pensamiento del modo siguiente: "Prestad atención a lo que le voy a decir. Tan pronto os alcéis, dad inmediatamente una proclama a los turcos: o bautizarse en el acto o emigrar en seguida donde quieran, si no quieren verse degollados".

 

b) En 1917, durante una reunión del "Comité Yugoslavo" en Cannes, cuando se abordó el problema de Bosnia y Herzegovina, Stojan Protić, delegado del gobierno servio, declaró que el gobierno y el pueblo servio tienen ya lista la solución para estas provincias. A la pregunta del croata Dr. Ante Trumbić, presidente de dicho Comité, en qué consistía esta solución servia, según escribe Ivan Meštrović en sus memorias, Protić contestó: "Cuando nuestro ejército cruce el río Drina, dará a los turcos 24 horas de tiempo, tal vez 48 horas, para volver a la religión de sus antepasados, y quienes no quisieran, los masacraremos como lo hicimos en su tiempo en Servia".

 

c) El Dr. Juraj Krnjević, otrora secretario general y ahora presidente del Partido Campesino Croata, escribió en 1963 en el periódico de este Partido, que en 1924 le manifestó en el parlamento de Belgrado, un diputado nacional servio, que en Servia seguían deplorando que el plan, expuesto por Protić, no haya sido ejecutado.

 

Estos conceptos servios con respecto a los musulmanes de Bosnia y Herzegovina, étnicamente de origen croata, conservaron su vigencia también durante la contienda de la Segunda Guerra Mundial, cuando se enfrentaron entre si los servios (chetniks), los croatas (ustashas) y los comunistas (partisanos yugoslavos). Por ejemplo: Draža Mihalović, comandante supremo de las fuerzas nacionales servias en el país, cursó el 20 de diciembre de 1941 una extensa "instrucción" a los comandantes de los chetniks servios, en la cual (en el punto 5) se expresa que el objetivo de la lucha servia es: "Crear fronteras directas y comunes entre Servia y Montenegro, como también entre Servia y Eslovenia mediante la limipeza de la población musulmana en Sandzak y de la población musulmana y católica en Bosnia y Herzegovina". (Véase el artículo del Dr. Dominik Mandić "Bosnia y Herzegovina dentro del futuro Estado de Croacia", en: Bosnia y Herzegovina - Aportes al esclarecimiento del origen de la Primera Guerra Mundial, edición especial de Studia Croatica, 1965, p. 294-298) .

 

Prescindiendo citar los informes de los comandantes de los chetniks sobre el cumplimiento, en invierno de 1943, de las instrucciones citadas, para no prolongar este paréntesis, tan necesario para la correcta justipreciación de las relaciones nacionales y acontecimientos bélicos en los Balcanes, pasemos a la conclusión final del autor sobre la importancia de la renuencia de Turquía a establecer relaciones diplomáticas con el E.I. de Croacia. En efecto, Ristović concluye: "El éxito eventual de los empeños del régimen ustasha en este asunto hubiera tenido efecto importante y hubiera fortalecido los intentos alemanes para atraer a Turquía al Eje, deteriorando de tal modo las posiciones británicas en el Cercano y Mediano Oriente, acercándose peligrosamente por la espalda a la Unión Soviética".

 

Discrepamos con el autor respecto a la importancia política o estratégica que atribuye al eventual reconocimiento del Estado de Croacia por un estado euro-asiático no vecino y neutral. Consideramos que el único beneficiario del reconocimiento de Croacia por parte de Turquía hubiese sido la población croata de religión musulmana al verse moral y materialmente apoyada por una nación grande de religión y lazos culturales comunes, en la conflagración bélica global que le fue impuesta. Tampoco coincidimos con la aseveración de M. Ristović, sintetizada en el sumario en el idioma inglés, de que Turquía se negaba a establecer relaciones con Croacia que pudieran interpretarse como reconocimiento de un Estado "que las potencias del Eje lograron establecer mediante conquistas".

 

Sin entrar en disquisición sobre el problema de reconocimiento de Estados, que no es una cuestión de índole moral ni tampoco jurídica, sino puramente un asunto político y de interés nacional, agreguemos que Turquía tampoco reconoció a la República Eslovaca, proclamada antes de la Segunda guerra mundial (14-3-1939) y reconocida de jure por casi toda la comunidad estatal europea, incluida Suiza (19-4-1939), Yugoslavia (8-6-1939) y la Unión Soviética (16-9-1939); y de facto por Gran Bretaña (4-5-1939), Francia (14-7-1939) y Bélgica (14-7-1939), según nos informa el Prof. Dr. Ferdinand Durčansky m su voluminosa obra "Biela Kniha - Právo Slovákov na samostatnost vo svetle dokumentov' (Libro blanco - El derecho de los eslovacos a la independencia a la luz de los documentos), Buenos Aires 1954, pág. 249. En todo el ensayo su autor no cita ningún documento del cual resultaría la posición de Angora "hacia los regímenes 'quisling' surgidos dentro del marco del 'nuevo orden europeo'", como argumento determinante para su política de neutralidad. Tal aseveración parece ser un invento del señor Ristović a fin de justificar términos "embajador ustasha", "quisling Estado Independiente de Croacia" y "títere" en un trabajo supuestamente científico.

 

Así, a pesar de la enfática advertencia del autor, o de la redacción de la revista Historia del siglo XX, que encabeza el texto y reza: "Trabajo científico original", este ensayo, en su composición y forma de expresión, lamentablemente adolece de imparcialidad científica en todo lo que atañe al Estado Independiente de Croacia y a los croatas en general. Sin embargo, eso es el caso de todos los autores servios o comunistas del territorio de Yugoslavia. En este sentido Milan Ristović no constituye excepción alguna. Pero sí constituye excepción su voluntad y valentía de investigar una parte de la historia diplomática del Estado Independiente de Croacia —generalmente considerado tema tabú aun después de cuarenta años de desaparecido el Estado croata—. ¡Quizá en ello debe buscarse el significado de la frase inicial: Trabajo científico original!

 

MILAN BLAŽEKOVIĆ

 

 



[1] Embajadores: Conde Pedro Pejacsevich; Vicente González-Arnao y Amar de la Torre, respectivamente.