En defensa de los derechos humanos

LA LEY Y LA REPRESION EN YUGOSLAVIA

 

La revista Kontinent [1] publica en su N9 4/1986 la traducción alemana del artículo de Vladimir Šeks "La ley y la represión en Yugoslavia" que a continuación reproducimos íntegra:

 

El autor [2] pues experimentó —en su propio pellejo— la perspectiva del derecho en Yugoslavia desde el cargo de fiscal, juez, defensor y acusado. Todos estos puestos los ocupó en el orden precitado en las salas de audiencia. A continuación examina las desviaciones de los órganos de represión de las verdaderas leyes de Yugoslavia y de sus obligaciones multilaterales ratificadas.

 

Desde hace veinte años estudié desde diferentes posiciones —como fiscal, juez, defensor y preso político— los fenómenos de la libertad, de la represión y de los derechos humanos. Estos últimos se basan no solamente en la legislación yugoslava, sino también en las obligaciones que Yugoslavia debe cumplir como miembro de las Naciones Unidas y como país que ha ratificado las Declaraciones generales sobre los derechos humanos y ha suscripto los acuerdos de Helsinki.

 

Nos llevaría demasiado lejos examinar en este lugar la legislación yugoslava en cuanto a los delitos políticos en general y al delito de expresión de opinión en particular, o las disposiciones legales individuales y las condenas graves —entre ellas la condena a muerte y la confiscación de las propiedades, pasibles para los culpables políticos.

 

Es indiscutible que los derechos humanos y las libertades individuales no pertenecen al dominio exclusivo de cada uno de los estados. Los derechos humanos y la libertad humana son algo que atañe a la comunidad internacional entera y su respeto es íntimamente y causalmente ligado a la paz y a la seguridad internacional. Por ello, ningún estado puede —en cuanto al respeto de los derechos humanos en su territorio— estar fuera del control de la organización de las Naciones Unidas; todavía menos puede ser exento del control moral por parte de las organizaciones humanitarias y las conferencias. La objeción de la soberanía del Estado no tiene aquí ningún valor.

 

Este informe tiene el propósito de dar un resumen de la manera y el modo cómo los órganos de represión de Yugoslavia se apartan de las leyes y de las obligaciones internacionales.

 

La presunción de culpabilidad

 

Las leyes yugoslavas prevén la presunción de inocencia en el procedimiento penal. Nadie debe ser considerado culpable antes de que su culpa sea probada por una resolución judicial definitiva y legalmente obligatoria. Esta cláusula protectiva, legal y constitucional es groseramente lesionada por la prensa yugoslava. Por regla general describen en los comentarios, entre ellos también en los de la agencia oficial Tanjug, a las personas inculpadas de los delitos políticos como criminales, enemigos del pueblo y del estado: estas descripciones pasan groseramente por encima de la dignidad humana y la integridad moral de los acusados. Todas las protestas contra la prensa, que aquí actúa como servicio de información para los órganos de represión, son inútiles y quedan sin respuesta.

 

De esta manera se crea una atmósfera que influye considerablemente en la opinión pública y ejerce una fuerte presión sobre los tribunales y su independencia. En semejante clima se hace psicológicamente imposible no declarar culpable al acusado.

 

Especialmente resulta un problema difícil las declaraciones de los altos funcionarios partidarios y estatales que insinúan públicamente que las personas incriminadas de los delitos políticos, son culpables. Eso sucedió, por ejemplo, en 1975 en Novi Sad, cuando Mihajlo Mihajlov fue atacado por el presidente de la República el mismo día de la vista de su causa, o en 1984 cuando el presidente del presidium del estado declaró culpables al Dr. Vojislav Šešelj y el grupo de los seis de Belgrado, antes de que se conociera el cargo contra ellos.

 

En muchos casos fue, incluso antes de iniciar el proceso, creado un clima especial y la opinión pública preparada para el juicio. Los ejemplos de tales sentencias hechas de antemano son los discursos públicos de los funcionarios políticos responsables (en Croacia) como Jure Bilić, Josip Vrhovec, Dušan Dragosavac. Lo que tuvo como consecuencia el procesamiento y severas condenas de prominentes intelectuales, como ser Dr. Marko Veselica, Vlado Gotovac y Dr. Franjo Tudjman.

 

 

El empleo de la tortura

 

Las normas procesales yugoslavas prohiben categóricamente el empleo de los medios de presión físicos o psicológicos por los órganos de indagación contra los inculpados. No obstante, hay numerosas declaraciones de los acusados referentes a las torturas infligidas especialmente en caso de los delitos politicos, particularmente cuando se refieren a los hechos de violencia o del terrorismo, pues en estos casos la indagación es normalmente transferida a la policía politica. Muchos infractores políticos han descripto varios métodos de tortura. Lo hicieron públicamente delante del tribunal en sus propias quejas y en las de sus defensores y en varias peticiones dirigidas a los órganos de justicia o estatales. La tortura tenía por finalidad obtener confesiones, declaraciones que comprometían a otras personas o confesiones de crímenes ficticios.

 

Las descripciones de las torturas presentan un cuadro muy cruel. Según declaraciones dadas por escrito, los acusados fueron encerrados en celdas oscuras y húmedas. pisoteados por sus carceleros, pegados con puños y bastonazos, sometidos a las descargas eléctricas, sujetados a los radiadores calientes, arrastrados a las ejecuciones nocturnas simuladas y les fueron hechas aplicaciones de psicofármacos —todo esto para obligarlos a "confesar".

 

Los tribunales generalmente no toman en consideración tales declaraciones; rechazan las pruebas de la anlicación de torturas presentadas por los defensores, pues argumentan que la tortura está prohibida por la ley y, por lo tanto, no puede practicarse.

 

En cuanto yo sepa, ningún órgano del ministerio de la justicia o de algún otro organismo oficial jamás ha promovido una indagación respecto de las declaraciones de los acusados que fueron torturados. Por ejemplo, Dobroslav Paraga fue torturado después de haber hecho una recolección de firmas para una petición en la cual se solicitaba la amnistía para todos los presos políticos.

 

Especialmente drásticos métodos de tortura (según las declaraciones por escrito de los inculpados, de sus defensores y de sus familiares) fueron aplicados de parte de la policía a los presos nolíticos Miloš Tvrtko, Antun Zinko, Djuro Perica y Josip Penić, Branko Vidaček, Franjo Belančič y muchos otros. Los sospechosos fueron forzados a admitir, además de los delitos verbales, también la proyección y los preparativos de los actos terroristas.

 

De tal modo se buscó asegurarse el sostén de la opinión pública, pues se sabía de qué manera sensible reacciona frente al terrorismo.

 

 

Abuso de material probatorio

 

Las viviendas de las personas incriminadas de delitos politicos son regularmente allanadas. En ocasión de estos allanamientos domiciliarios, todo documento queda confiscado y después utilizado como material probatorio: diarios particulares, manuscritos de los escritores —entre ellos los manuscritos y borradores de trabajos que, excepto el autor, nadie había visto— cartas, como también los apuntes más personales. Lo mismo vale para las obras legalmente publicadas de los autores que cayeron en desgracia y para los libros que una vez antes —pero no más ahora— fueron considerados políticamente recomendables. Lo mismo vale para los recortes de las conferencias legalmente publicadas y difundidas.

 

Yo mismo he experimentado cómo encontraron las pruebas de mi "actividad hostil" entre los papeles en mi escritorio: copias de las actas y sentencias judiciales como también la correspondencia mía con los acusados políticos y en mi cualidad de defensor. Todo lo que puede contribuir a la formación de la impresión negativa del acusado, se lo llevan.

 

 

El papel del defensor en los procesos políticos

 

Hay una fuerte tendencia a excluir completamente al defensor en la etapa preliminar. En muchas indagaciones se intenta mantener al defensor alejado de varios procedimientos, especialmente de la información testimonial de los testigos A menudo no es permitido a los defensores leer el acta judicial alguno, sus contactos con los acusados son dificultados, se interroga a los acusados en ausencia de sus defensores. No son pocos los casos —especialmente cuando se hace la indagación de las infracciones políticas— en que el acusado toma contacto con su defensor primera vez recién cuando la acusación ya está camino al juzgado.

 

En la prensa, a los defensores se los menciona raras veces. Si lo hacen, es por regla general para tomarlos ridículos y comentar con ironía sus mociones; a la vez declaran que estas proposiciones son estúpidas, ilegales o que "abusan del procedimiento democrático". La prensa casi identifica al defensor con su cliente y con los cargos formulados contra éste; prácticamente echa en cara al defensor el mismo delito. De esta manera la prensa crea una psicosis de enemistad contra el defensor y son pocos los dispuestos a aceptar su papel en los procesos políticos con plena responsabilidad profesional y ética. Es muy probable que la prensa reproduzca la opinión de los dirigentes políticos.

 

 

Abuso de la psiquiatría

 

En numerosas indagaciones y procesos por delitos políticos, los acusa-dos son sometidos al examen psiquiátrico, lo que es ilegal. Según la ley esto es admisible sólo cuando existe una duda fundada respecto de' la responsabilidad personal del acusado. Parece que existe suposición de una relación causal entre un espíritu perturbado y las opiniones y las acciones que contradicen las opiniones y las actividades politicas oficialmente aceptadas.

 

Desgraciadamente no hay entre los psiquiatras la mínima resistencia a estas prácticas: ninguno de ellos se negó a participar en esas actuaciones. Ellos prestan, por supuesto, su contribución al diagnóstico psiquiátrico cuando hablan de la 'agresión verbal', concepto probablemente concebido para hacer juego al del "sabotaje ideológico".

 

 

Rechazo político de las apelaciones humanitarias

 

Es sabido que muchos procesos políticos en Yugoslavia están acompañados de llamamientos para la amnistia o la suspensión del proceso penal. Estos llamamientos proceden de varias organizaciones humanitarias internacionales (especialmente de la Amnesty International), asociaciones profesionales (de los escritores, abogados, filósofos, eruditos de ciencias políticas) como también de las destacadas personalidades internacionales.

 

Estos llamamientos nunca reciben una respuesta oficial.

 

A veces sucede que la prensa —evidentemente según las directivas políticas— o algún político, tratan de desacreditar esos llamamientos como injerencia en los asuntos internos del país. A las prestigiosas organizaciones y personalidades se les imputan intenciones funestas y el anticomunismo. Al mismo tiempo se intenta mostrar, que su intervención no es otra cosa que el trabajo bien camuflado de varios servicios de inteligencia dentro del marco de la "guerra psicológica".

 

 

Estado de los presos políticos

 

Formalmente los presos políticos están tratados en Yugoslavia igual que otros detenidos, pues la legislación yugoslava no reconoce el concepto del delito político y consecuentemente del preso político.

 

En 1985 tuve ocasión pasar seis meses, corno preso político, en la penitenciaria de Stara Gradiška, después de haber sido condenado por el delito de expresión de opinión. La penitenciaría es un enorme edificio construido hace doscientos años. Está sobre el río Sava y rodeada de pantanos; sus gruesos muros están impregnados de humedad secular. Allí se hallan alojados grandes criminales, reincidentes, asesinos y ladrones. De acuerdo a una resolución del ministro de justicia de la República de Croacia se admiten también los presos políticos.

 

La prisión de Stara Gradiška es el prototipo de un sistema carcelario severo. Los presos políticos, en su mayoria intelectuales, son por lo tanto ya por la elección de la prisión, donde se los aloja, brutalmente castigados. A base de mis consultas personales cotidianas, mi interrogatorio de más de doscientos presos y el sondeo de la "memoria colectiva" de los prisioneros tuve que constatar que la dignidad humana de los presos estaba violada, que ellos estaban sometidos a la coerción física ilegal y a las medidas disciplinarias ilegales y que tanto los presos políticos como los demás están permanentemente expuestos a las diferentes torturas y humillaciones.

 

Yo dormía en una gran celda junto con alrededor de treinta presos más, todos criminales empedernidos. Las ventanas tenían que estar siempre abiertas. En el invierno, cuando la temperatura afuera bajaba a menos 15 o 20 grados celsius, los presos —en sus livianos trajes de prisionero— son expuestos al frío. En la celda hay un balde de letrina que —a pesar del frío— expide un hedor terrible. Los presos enfermos tosen. Los enfermos tuberculosos escupen sangre, los mentalmente perturbados gritan, los psicópatas son atormentados por su enfermedad. A la mañana el guardián abre la puerta y doscientos hombre se precipitan y luchan por unos diez puestos en el baño, pues no han conseguido utilizar el balde durante la noche. En el mismo lugar y al mismo tiempo se lavan la cara.

 

En el verano, todo está repleto de moscas. Los presos deben limpiar inodoros con esos baldes llenos de agua, pues en el lugar no hay agua corriente. En las celdas individuales la situación en el invierno es especialmente critica, pues está prohibido el uso de frazada durante el día y los presos son expuestos al riguroso frío. Además está prohibido sentarse o acostarse sobre la cama. Toda falta contra el orden disciplinario se castiga a porrazos.

 

Los presos en el aislamiento celular deben tolerar los castigos más severos. No pueden poseer cigarrillos. Las rejas de la ventana son cubiertas con el tejido de acero tupido, de manera que la celda está siempre a oscuras Para sus necesidades físicas tienen estos presos sólo un recipiente de hojalata. Según la ley, los presos en la celda solitaria tienen derecho a un paseo al aire fresco de una hora cada día. No obstante, muy raras veces sucede que los lleven al paseo por el patio; de todos modos no dura más de treinta minutos.

 

A la mañana se forman, en el lugar de la revista, largas filas de presos. Según la ley, las prisiones deben facilitar a los presos un trabajo adecuado a sus posibilidades y aptitudes. Pero además del trabajo físico, nada se ofrece a los presos. Nadie piensa organizar otro tipo de trabajo para los presos políticos. Nosotros trabajamos seis días en la semana, en total 42 horas. Por eso recibimos en promedio alrededor de 11,50 marcos alemanes por mes. Fuimos rodeados por los agentes, que espiaban cada paso nuestro, cada palabra y cada contacto.

 

Mientras cumplía mi condena en Stara Gradiška, un número de presos políticos, entre ellos también yo, hicimos una suerte de test especial. Cada uno de los presos políticos escribió a la administración de la prisión pidiendo se le conceda una de las facilidades disponibles. Todas las solicitudes fueron rechazadas. Algunos fueron llamados a conversar con los empleados de la prisión, los cuales les expresaron su asombro ante el hecho de que los presos politicos, después de todo, pedían esas facilidades. Cuando algunos de los presos políticos señalaron que ellos tenían los mismos derechos que los demás prisioneros, se enteraron de que "nosotros no acostumbramos otorgar las facilidades a los presos politicos".

 

Con el fin de reunir material adicional sobre la discriminación de los presos políticos, repitió cada uno de ellos la solicitud escrita pidiendo esta vez cualquier otra facilidad. Otra vez fueron rechazadas todas las peticiones. Finalmente, solicitaron todos los presos políticos todas las facilidades disponibles, otra vez sin éxito. Al mismo tiempo obtuvieron esos privilegios hasta los peores de los presos comunes.

 

Como norma, los presos politicos cumplían su condena hasta el último día. Las amnistías ocasionales que en el Día de la República (fiesta nacional) son concedidas, conciernen en el 99 por ciento de todos los casos a los prisioneros comunes, no a los presos políticos. Cuando de todo modo los presos políticos obtienen una amnistía, normalmente se les cancela sólo una pequeña parte, casi insignificante, del término de su condena.

 

Los presos politicos son alojados junto a los criminales mentalmente trastornados. Según el informe oficial del servicio de la salud en la prisión, de un total de 900 prisioneros en Stara Gradiška, 850 son enfermos. Entre ellos hay 193 psicópatas graves, 110 toxicómanos, 18 drogadictos, varios esquizofrénicos y paranóicos, unos veinte retardados mentales como también cuarenta alcohólicos empedernidos.

 

Además en el mismo penal están alojados los tuberculosos que según la ley deberían estar en hospitales especiales.

 

Las autoridades estatales y políticas fueron informadas desde hace años sobre esta situación insoportable. Su única respuesta fue el silencio.

 

 

Represiones después de la prisión.

 

Después de haber cumplido su condena, los presos políticos (y su familia) son sometidos a diversas formas de represión, lo que los hace ciudadanos de segunda clase.

 

En la sociedad se creó un clima según el cual todos los contactos con los ex presos políticos son considerados peligro de contaminación. De este modo los presos políticos son aislados y a los que siguen teniendo contactos con ellos, el gobierno los pone en la lista negra. Tales personas pueden ser interrogadas por la policía o ser víctimas de las medidas disciplinarias del partido, o simplemente ser consideradas sospechosas.

 

A menudo, sin aclaración alguna, retiran a los presos políticos sus pasaportes. Los ex presos politicos y sus familiares son constantemente vigilados y la mayoría de ellos declara que su correspondencia personal y sus conversaciones telefónicas son intervenidas. Los ex presos políticos que pertenecen al grupo intelectual, se encuentran en una situación especialmente difícil: especiales ordenanzas prohiben su empleo en los lugares que tengan la más mínima importancia social. A un abogado, condenado por un delito político a más de seis meses de prisión, puede —después de cumplida la condena— prohibírsele el ejercicio de su profesión durante diez años. Los ex presos políticos no pueden ser empleados en la administración estatal o en las escuelas. Si su empleo no es prohibido por una ordenanza especial, puede ser aplicada contra ellos la reserva de la "incapacidad moral y política". Los escritores no pueden publicar sus libros y los artistas exponer en público sus obras. De esta manera están condenados a la "libertad".

 

(Tradujo al alemán Albert Knierim) (Tradujo al castellano: Božidar Latković)

 

 

 



[1] Kontinent es la revista de los intelectuales disidentes de la Unión Soviética y del Este europeo, fundada en 1974. Se publica en ruso, alemán, francés e italiano. En el primer número, al definir el objetivo de la revista leemos el editorial firmado por la redacción: "...nosotros vemos el empeño de nuestra revista no tanto en la polémica política contra el totalitarismo, sino más bien en la oposición o este totalitarismo agresivo de la fuerza creativa de la literatura y del pensamiento del Este, enriquecidos con las experiencias amargas personales y con la visión personal que cada uno ha aprovechado de ellas. Esta plataforma nos parece lo suficientemente amplia y al mismo tiempo fundamental para la unión de todas las fuerzas anti-totalitarias de la Europa oriental en su diálogo con el Occidente".

Alexander Solzenicyn en su carta a la revista de junio de 1974 dice que la revista podría llegar a ser la "voz auténtica de la Europa oriental dirigida a los ámbitos occidentales que no son cerrados a la verdad y que tienen oídos para escucharla". En la misma ocasión escribe Andrej Sacharov ( Moscú, setiembre 1974) a la revista: "Estoy convencido de que la revista aportará su contribución valiosa al proceso, importantísimo y universal, de la formación y de la restauración de aquellos valores filosóficos y éticos que tanto faltan a la humanidad contemporánea, preocupada sólo por el presente y desilusionada en sus esperanzas".

(Kontinent, NQ 1/1975, edición italiana).

 

[2] En cuanto al autor, Kontinent informa lo siguiente: "Vladimir Šeks nació en 1943 en Osijek (Yugoslavia). Terminó abogacía en Zagreb. En 1963 se afilió al Partido Comunista, desafiliándose del mismo más tarde debido a su conflicto con el Servicio de seguridad. Fue fiscal y más tarde juez del Tribunal del distrito de Osijek. A pedido de las autoridades del servicio postal de esa ciudad tomó medidas judiciales contra el Servicio de seguridad, el cual —ilegalmente-- abría la correspondencia de los ciudadanos y escuchaba sus conversaciones telefónicas. En lo sucesivo abandonó el ministerio público y abrió su estudio de abogado. Después de haber aceptado la defensa de los acusados por delitos políticos, chocó cada vez más con las autoridades, lo que en definitiva condujo a su propio juicio. En 1981 fue condenado por el 'delito de la propaganda hostil' a 13 meses de prisión, pena que en la segunda instancia fue reducida a ocho meses, que purgó en la prisión de Stara Gradiška. Después de su puesta en libertad perdió por el lapso de 10 años el derecho de ejercer su profesión. Escribió el libro sobre 'El delito de opinión' y vive con su familia en Osijek".