¿POR QUE LOS CROATAS
LUCHAN PARA INDEPENDIZARSE?
IVO KORSKY, Buenos Aires
Es esto la
pregunta que se hacen muchos extranjeros, aún aquellos que tienen simpatía para
la causa croata. No entienden por qué un pueblo relativamente pequeño lucha
para independizarse, en vez de bregar hacia uniones más amplias con la idea que
la unión es la fuente de la fuerza. Contra los modernos intentos paneuropeos,
panamericanos y de mundo único, por qué este pueblo sin libertad trata de
revertir la historia y de salir de una comunidad estatal que representa para
gran parte de la opinión pública del mundo un peldaño en la progresión hacia la
deseada unidad de todo el mundo.
Las ideas, aceptadas como verdades en un momento histórico dado, aunque no sean tales, deben refutarse con una serie de argumentos que son muy difíciles de sintetizar. Es por ello que mis esfuerzos resultarán sólo un esbozo y mis argumentos truncos. Existe, efectivamente, una gran dificultad en intentar la trasposición de ideas y conceptos bastante claros e inteligibles en un ambiente político determinado, el croata, pero muy ajenos en el ambiente latinoamericano, con sus fórmulas consagradas y aceptadas muy distintas y, más todavía, totalmente ajeno a los hechos subyacentes que han provocado la corriente de ideas, actualmente dominante, en el pueblo croata.
Las tres
proposiciones básicas que formulo a continuación y que trato de fundamentar,
son mi respuesta a este reto.
1
Si
la nacionalidad es el conjunto de valores tradicionales de un pueblo, su conservación
no es sólo un derecho, sino también un deber.
Los valores culturales son, realmente, fruto
de un grupo de seres humanos, pero esto no significa que lo sean sólo como resultado de una raza, que razas puras no existen en el mundo histórico —del prehistórico
no podemos hablar— sino que nos encontramos con mezclas y cruzas raciales y etnicas mas o
menos estabilizadas, cuyos valores culturales no pueden considerarse como
producto de sus
genes sino como resultado de sus relaciones con otros hombres o grupos humanos.
La cultura, pues, es la conciencia
y la experiencia y historica de un grupo determinado, cuya expresión más
evidente es el lenguaje. Si nos atenemos a la experiencia histórica como fundamento
de nuestras definiciones acerca del origen de los pueblos, podemos decir que
ellos son grupos de humanos formados por la historia, en un territorio más o
menos determinado, resultado de esfuerzos y luchas comunes, derrotas al igual
que victorias.
Con el andar de los
tiempos, esta conciencia colectiva, portadora de un haz coherente de valores
culturales y éticos, llega a formar sociedades complejas que nada tienen que
ver con manadas de seres unidos sólo por su origen y sometidas a la fuerza
bruta de sus individuos más potentes. Son grupos morales, portadores de valores
espirituales. Son pueblos históricos.
Entre guerras y
migraciones, estos grupos históricos intercambian experiencias y valores,
absorbiendo los más fuertes a los más débiles pero transformándose aún los
victoriosos debido a la influencia de los vencidos, formándose nuevos pueblos y
desapareciendo algunos de ellos. En un devenir constante, pero sin grandes
sobresaltos; como en un proceso muy complejo, se formaron los pueblos modernos
que conocemos y que actualmente ya tienen cierta constancia, fruto de su
experiencia en estas luchas.
* * *
Nadie puede dudar de que
los croatas son un pueblo con conciencia nacional, con sus tradiciones y sus
valores espirituales, un pueblo formado por su historia a lo largo de los
siglos.
Sin
adentramos en la prehistoria, ni tratar de hurgar en el pasado no histórico con
medios filológicos y afines para desentrañar el lejano pasado de los croatas y,
más aún, el origen del mismo nombre croata, nos atendremos a los hechos
documentados. Según la historia escrita por el emperador de Bizancio Constantino VII
Porfirogeneto bajo el título "De administrando imperio", los croatas
llegaron a sus tierras actuales como pueblo guerrero formado, dividido en siete
tribus, desde allende los Cárpatos, muy probablemente de lo que ahora es
Polonia meridional, la comarca alrededor de la ciudad de Cracovia. Su llegada
ocurrió durante el reinado del emperador Heraclio, quien los habría llamado
para que liberasen de los Avaros las provincias balcánicas de Ilírico y
Dalmacia. Dice el Porfirogeneto que para compensarlos por la tarea bien
cumplida, el Emperador les concedió el derecho de ocupar estas tierras.
Conociendo
el estilo ampuloso de la corte bizantina, en cuyos documentos oficiales hasta
las derrotas se transforman en victorias y tierras arrebatadas por fuerza al
Imperio en dádivas del Emperador, bien podemos poner en duda les pormenores de
esta historia. Pero, en grandes rasgos, sabemos que entre los años 620 y 630 de
la era cristiana los croatas ocuparon la parte noroeste de la península
balcánica y la región meridional de la llanura panónica, y en seguida formaron
entidades políticas, lo que no hubieran podido hacer si no venían como
guerreros organizados. Las tierras estaban en gran parte despobladas por las
continuas guerras e invasiones. Desde hacía casi tres siglos toda Europa hervía
a raíz de la gran migración de los pueblos, al desplazarse hacia regiones más
cálidas primero las tribus germánicas y después las eslavas. Los pocos
pobladores autóctonos de las regiones más castigadas se refugiaban en pequeñas
ciudades-fortalezas, pero, rodeados por los invasores, paulatinamente se
asimilaban en la masa del nuevo pueblo dominador.
Muy pronto, en el tiempo
del papa Juan IV (640-642) se establecieron los primeros contactos de los
croatas con el cristianismo y sin grandes sobresaltos, la cristianización iba
avanzando, en su mayor parte procedente desde su polo occidental, romano, hasta
que durante el papado de San Agatón (678-684) se firmara el pacto de no agresión
entre los croatas y la Sede de San Pedro, el primer tratado internacional
concluido por el pueblo croata del que tenemos noción fidedigna.
Entre el Imperio Oriental,
el Bizancio, y el Imperio Occidental restablecido en el año 800 por Carlomagno,
rey de los francos, los principados o ducados croatas mantuvieron un alto grado
de autonomía, pero no la independencia formal, la que alcanzaron recién cuando
el duque de la Croacia blanca (es decir occidental) Tomislav ocupó y sometió la
Croacia panónica y fue coronado en el año 925 primer Rey de Croacia por el
legado del Papa, recibiendo al mismo tiempo del emperador de Constantinopla,
con el título de procónsul, el gobierno de las ciudades e islas dálmatas, resto
de la antigua provincia de Dalmacia que aún conservaba el Bizancio, por cuanto
todo lo que se hallaba fuera de las murallas de estas ciudades ya formaba parte
de Croacia.
Este Reino de Croacia, con
unos 120.000 km2. se extendía por las actuales regiones y
provincias de Istria, el
Litoral Croata, la Croacia septentrional, Dalmacia, Bosnia, Herzegovina y
Eslavonia (las que, en su mayor parte, aún no llevaban estos nombres) y
constituía substancialmente lo que quedó, hasta el día de hoy, el territorio
étnico y nacional croata.
Durante casi dos siglos,
hasta que desapareciera la dinastía de Trpimir (duque de Croacia y abuelo del
primer rey Tomislav), este reino, luchando cntra sus vecinos al igual que los
demás, se mantuvo entre el poder naciente de Venecia al oeste, el Reino de
Hungria al norte (cuyo primer rey, San Esteban, recibió la corona real años más
tarde que el primer rey de Croacia), el Imperio Bizantino al este y al sur y,
por un tiempo, contra el poderoso pero efímero Imperio Búlgaro, que reemplazó
durante cierto tiempo a los bizantinos.
En 1102,
las doce tribus croatas, o sea sus nobles hereditarios, eligieron como rey de
Croacia a Koloman, rey de Hungría, y lo coronaron con la tradicional corona
croata en la ciudad Biograd na moru. Así se inició una unión que empezó como
mero nexo entre dos países bajo el mismo rey, quedando independientes ambos
reinos, para transformarse paulatinamente en una confederación, en la cual
mermaba constantemente la autonomía croata. Las tierras croatas eran objeto de
intentos imperialistas primero de Venecia y, luego, cuando empezó la invasión
turca, de las fuerzas del Sultán, lo cual debilitaba a la nobleza croata
portadora de la idea nacional croata.
El debilitamiento del Reino
de Croacia provocó la secesión de su parte meridional más alejada del centro
del poder, formándose ésta como Estado autónomo bajo el nombre de Bosnia, el cual,
luego, fue reconocido como independiente, asumiendo su virrey el título de Rey
de Bosnia. Este
se hizo tan poderoso que durante cierto tiempo podía luchar contra los reyes de
Hungría. Sin embargo, no pudo resistir a las invasiones otomanas y fue
derrotado y sus dominios anexados por el Imperio Otomano.
Se transformó, en el Imperio Otomano,
en una provincia autónoma sumamente importante, ya que gran parte de su nobleza
y de los propietarios libres, cansados de invasiones húngaras y la lucha de los
húngaros contra los herejes bosníacos, se convirtió al Islam reconociéndosele
los privilegios de nobleza, caso único en el Imperio Otomano que desconocía
títulos de nobleza hereditarios. Al dominio del bajá de Bosnia, los
emperadores turcos añadían sólo las tierras croatas arrebatadas a los
cristianos, mientras que las tierras no croatas iban anexadas a otras
provincias del Imperio.
De esta época data el
dualismo croata: por una parte las tierras que, ante el debilitamiento de
Hungría, se plegaron como ésta, pero separadamente, a los Habsburgo, eligiendo
al Archiduque Ferdinando en 1527 como rey de Croacia, y por otra parte la
Croacia musulmana, bajo el dominio turco, pero gobernada por el bajá o el visir
de Bosnia y
luchando como vanguardia del Islam. El trágico destino de Croacia fue que de un
lado caían los croatas católicos en defensa del Oeste como "antemurale Christianitatis",
mientras que por el bando contrario otros croatas, como "espada del
Islam", trataban de ampliar la zona del Emperador de Estambul. Y en estas
luchas, heroicas por cierto, pero altamente dañinas para la integridad del
pueblo croata, éste se desangraba perdiendo su autonomía y sus riquezas
biológicas y físicas.
Cuando en 1878 Austria recibió
el mandato de ocupar Bosnia,
lo hizo por cierto con tropas croatas, pero no la incorporó al resto
de Croacia, sino que intentó mantenerla como provincia separada, bajo el
dominio austro húngaro, con lo cual perdió las últimas simpatías de Ios croatas
por la dinastía de los Habsburgo.
Hasta el
año 1918, cuando concluyó la primera guerra mundial, Croacia seguía formando
parte del Imperio de los Habsburgo, pero con su integridad territorial
gravemente menoscabada por la Corte de Viena y su autonomía constantemente
cercenada tanto por el germanismo
de Austria como también por el nacionalismo húngaro surgido al despertar el
siglo XIX. Con todo, hasta el final de esta larga unión y pasando por todas las
vicisitudes, Croacia achicada, truncada, empobrecida, con su nobleza destruida
y por ello políticamente debilitada en el viejo imperio feudal donde sólo la
nobleza, el clero y los comerciantes adinerados eran considerados portadores
del poder político, esta Croacia se mantuvo como reino y siguió reivindicando
sus derechos perdidos. Fue así que en esta constante defensa, dividida tanto
tiempo entre la católica Viena y la islámica Estambul, O sea formó su
personalidad histórica que ostenta en la actualidad: sumamente tenaz en la
defensa, apegada a sus derechos, conservadora tanto en su parte católica como
en su parte islámica, y con su pueblo profundamente arraigado al terruño.
Estas características
constitutivas del alma popular croata, permearon su vida pública y las nuevas
corrientes migratorias que se iban asimilando en la etnia croata —no hay
guerras sin migraciones y las guerras habían sido un fenómeno constante en
aquellas partes del mundo- llegaron a conformar un pueblo indomable en su
oposición a los que intentaban doblegarlo, resistente a las presiones extranjeras,
de grandes calidades guerreras, pero poco adiestrado en el gobierno y aún menos
en la diplomacia. Un pueblo de curas y de guerreros, con intelectuales
románticos, pero pocos gobernantes realistas, y una masa campesina fiel pero
explotada— para dar una definición sucinta y sencilla. Como todas las
definiciones que han de explicar situaciones complejas, es inteligible pero no
del todo exacta porque pasa por encima de las excepciones tan importantes en la
vida.
Este pueblo templado en la
lucha por sus derechos menoscabados, fue llevado en 1918 de una confederación
vetusta, anacrónica, injusta, pero conocida, a un nuevo Estado crudo, inculto,
injusto y desconocido.
El nuevo Reino de los
Servios, Croatas y Eslovenos, pese a las ilusiones filoeslavas que albergaba
parte de los intelectuales croatas, se mostró brutal y opresor igual como los
húngaros antes, explotador Como lo fueron los austriacos, pero falto de gracia y de
modales culturales que a estos les conferian los siglos de ejercicio del poder.
Los servios resultaron la decepción más grande en la historia croata: un pueblo hablando un
idioma muy parecido, campesino como el croata, relativamente pequeño pero que
quería jugar el papel de dueño de los demás pueblos formadores de un Estado
supuestamente común.
Es en este nuevo reino, rebautizado
Reino de Yugoslavia por Decreto Real al derogar el Rey la Constitución vigente,
que el despertar croata, iniciado en 1860 por el Dr. Ante Starčević y
en lo social en -1919 por Esteban Radić, recibió su sello revolucionario y
moderno, gracias a la brutalidad servia.
Este
pueblo histórico, con una gran experiencia en la vida compartida con otros
pueblos dentro de marcos estatales comunes, decidió definitivamente que, para
defender su identidad, sus valores, su pasado y sus sueños para el futuro,
necesitaba tener su propio Estado ya que todos, repetimos, todos los ensayos
anteriores habían fracasado y terminado con tragedias de distintos grados de
intensidad.
2
Si en el mundo moderno, el Estado libre y democrático
es el único marco político que permite a un pueblo la conservación de sus
valores específicos y la transformación de los mismos en un programa de acción
politica realista, cada pueblo tiene el deber de conservar su Estado nacional
si lo tiene o de establecerlo o restablecerlo si no lo tiene o lo ha perdido.
Croacia representa, en su
historia contemporánea, un caso clínico de un pueblo cuya vida pública,
política, económica y social, ha sido varias veces truncada debido a la falta
de su propio Estado. Ninguna forma de Estado multinacional ha resultado
adecuada para que el pueblo croata pudiera desarrollarse como conjunto orgánico
de hombres y mujeres libres.
En esto fracasó la forma
tradicional, feudal, formalmente cristiana, de los Habsburgo, como había
fracasado una sociedad igualmente conservadora, pero islámica, que mantenía en
su poder la parte croata que se llama Bosnia y donde los intentos
desnacionalizadores de los turcos en su etapa de decadencia provocaron la
resistencia armada de los musulmanes croatas.
Pero la Yugoslavia
monárquica derechista, al igual que la actual Yugoslavia republicana
comunista, el centralismo rígido de los reyes, al igual que el seudofederalismo
de Tito, todas estas formas resultaron ineptas para la modernización y democratización
de la vida croata, dominada casi siempre por minorías étnicas no croatas,
privilegiadas por los dominadores del momento y ayudadas en sus tareas por
oportunistas que surgían entre los mismos croatas. La hegemonía de los
distintos pueblos dominadores —el austríaco, el húngaro, el servio y, en la
parte occidental, el italiano—cortaba los brotes democráticos en la vida croata
truncándolos y provocando una oposición y un endurecimiento de posiciones en
vez de un trabajo común para el progreso del país.
En las postrimerías del siglo XIX, cuando en Europa central se
desarrollaba una gran transformación económica y social debido a los adelantos
técnicos, tales como la industrialización, los buques de vapor y los
ferrocarriles, las crisis resultantes de estos cambios fueron superadas en los
pueblos que vivían en sus propios Estados nacionales con medidas de sus propios
gobiernos. En los Estados multinacionales, estas medidas favorecían sólo a los
pueblos dominantes, tal como el austríaco y el húngaro en la Monarquía de los
Habsburgo.
En los demás, y por ello también en el pueblo croata, sometido a la
doble dominación germano-húngara, la industrialización provocó un terrible
éxódo de la población rural (campesinos,
viñateros, pescadores y marineros) totalmente desprotegida por las autoridades
que hasta veían con agrado este éxodo, en la esperanza no disimulada que el
mismo permitiría colonizar las comarcas así despobladas con elementos de los
pueblos dominantes y formar así, por un lado, un Estado austríaco alemán y, por
el otro, un Estado húngaro unificado, como se
decía, desde los Cárpatos hasta el Mar Adriático.
Las minas
de carbón y los frigoríficos estadounidenses, las comarcas meridionales de
Chile y parte de la zona de salitre del norte del mismo país, el Chaco
paraguayo y argentino, los bosques del Brasil y partes de la pampa húmeda
argentina, para mencionar sólo algunas regiones que se llenaron con estos
croatas desposeídos, hablan del fracaso de una administración considerada
civilizada, pero que aprovechaba su civilización para levantar palacios en
Viena y en Budapest a costilla de las lágrimas y el deterioro de la vida en las
regiones explotadas.
Además de
la explotación directa, la colonización interna fue la mejor prueba que, para
poder progresar en el mundo moderno, un pueblo debe tener su poder político
para encauzar lo económico y lo social. Esto vale con prescindencia del sistema
económico o modelo que se elija, ya que gobiernos supuestamente liberales, de
libre mercado, encauzaban la colonización de los elementos dominantes de modo
igual como lo hacían luego gobiernos dirigistas en la Yugoslavia realista y, en
mayor escala aún, el gobierno comunista que en cuarenta años duplicó o triplicó
el número de los croatas desarraigados en comparación con los que tuvieron que
dejar sus hogares en los tiempos austro-húngaros.
Frente a esta experiencia,
que el pueblo croata vivió en sólo cien o ciento veinte años. ¿de qué sirven
las teorías de la ventaja de cuerpos estatales más grandes? Se puede argumentar
que cambiando de régimen las políticas podrán mejorar. Pero si después de pasar
una gama completa de regímenes politicos, económicos y sociales, el resultado es siempre
idéntico, el éxodo del pueblo croata de su tierra hacia otras regiones donde,
naturalmente, ha de desaparecer como tal, no hay más teoría que valga.
Contra los planes y las
teorías militan los hechos y es la experiencia la que tiene la voz cantante.
Ella demuestra con meridiana claridad que en Estados multinacionales. siempre
hay —y siempre habrá— un grupo étnico dominante y que todas las palancas del
poder serán usadas para favorecerlo. Sean estos grupos ingleses respecto de los
irlandeses, rusos respecto de los ucranianos, armenios, georgianos o los
distintos pueblos bálticos, checos respecto de los eslovacos, o actualmente
rumanos respecto de los húngaros, como anteriormente lo fueron los húngaros
respecto de los rumanos, siempre vemos el mismo resultado y las mismas
consecuencias. Sólo que en el caso croata, la gama de combinaciones fue mayor,
los ensayos más numerosos y los resultados más nefastos que en los demás casos.
En
sólo cuatro años de su independencia nacional en los tiempos modernos, de 1941
a 1945, durante la mayor conflagración bélica de los tiempos actuales, sin organización
estatal anteriormente establecida y con una guerra interna y ocupación
tenuemente encubierta, Croacia ha demostrado que el Estado Nacional más débil
resulta más favorable para los intereses del pueblo croata que la comunidad
—federación o confederación— más potente, ya que en sus cuatro años de vida, el
Estado croata pudo elevar la cultura y mejorar las relaciones sociales en mayor
grado que Yugoslavia lo hiciera durante sus 22 años de monarquía y sus 40 años
como república socialista.
3
Sin su propio
Estado Nacional, un pueblo no puede asegurar su futuro ni podrá desarrollarse
libremente según sus propios valores y en la realización de sus propios
intereses.
Esta es la única conclusión
válida que podemos sacar de la breve re-seña de la vida pública croata que
hicimos.
Hablemos primero de lo cultural y no de lo político
y lo económico, porque es en lo cultural que más luce eI alma de una comunidad
que llamamos el pueblo.
¿Dónde se habrá visto que
la cuestión de reglas ortográficas sea un problema político, que ha de conmover
a las autoridades y llevar presos a los que tratan de normar las reglas
ortográficas de su idioma? Lo vemos en Yugoslavia, desde que se formó en 1918,
y, después del breve lapso de independencia nacional croata de 1941 al 1945, se
restableció en su forma comunista en mayo de 1945.
La ortografía es un
conjunto de reglas convencionales que permiten unificar la forma de escribir de
un idioma. En Francia, es la Academia Francesa, en España, la Real Academia
Española, y en otros países distintas instituciones más o menos
representativas, las que codifican estas rreglas. Sólo en Yugoslavia es el
Gobierno del día que impone las reglas ortográficas y sanciona a los filólogos
que se atreven disentir de la politica oficial.
Porque en Yugoslavia, se
trata de moldear por fuerza un solo pueblo, usando como material varias
entidades nacionales ya formadas, con sus valores culturales fijados y su
expresión oral y escrita propias: Y como es de esperar, esta unificación
favorece a las expresiones del pueblo domínante, en el caso de Yugoslavia del
pueblo servio, cuyos valores han de suplantar a los autóctonos en otras
regiones culturales: la macedonia, la eslovena y la croata.
Pero, como el parecido
lingüístico entre el servio y el croata es el más pronunciado y estos dos
grupos étnicos tienen tradiciones nacionales más enraizadas y más fuertes que
los otros dos, la lucha por la unificación se redujo a doblegar al pueblo
croata para que la alcanzada unidad nacional entre los servios y croatas permitiera
la formación de un núcleo lo suficientemente fuerte para destruir las
particularidades de los otros grupos étnicos que forman él Estado yugoslavo y
asimilar con más facilidad las minorías étnicas que viven en el marco de este
Estado.
La ortografía,
que cambia constantemente desde que se ha formado el primer Estado yugoslavo en
1918, en Yugoslavia no es nada más que un arma para la destrucción de las
conciencias nacionales propias y separadas de sus pueblos históricos, una
expresión tan ridícula que a los extranjeros les resulta poco inteligible. Pero
tratemos de entenderlo con un ejemplo similar. ¿Cómo se comportarían los
pueblos sudamericanos si en nombre de la unidad sudamericana se impusiera a
todos ellos el idioma del más fuerte, el brasileño, y se empezara, ante las
resistencias de los de habla hispana, a modificar la ortografía castellana para
ajustarla a la portuguesa? Lo mismo valdría si la situación se revirtiese a
favor del castellano con respecto al portugués o se impusiera, en nombre de la
unidad, un "portuñol" hablado por gente inculta ensalzándolo al
pedestal del idioma oficial. No deseo seguir desarrollando este ejemplo, porque
las analogías son siempre un arma de doble filo, aunque sirven para explicar
ciertos hechos poco inteligibles.
La cuestión idiomática,
cuyo aspecto más visible era la cuestión ortográfica, provocó fuertes
reacciones croatas en la Yugoslavia monárquica, donde la "unidad
nacional" había sido proclamada como el bien supremo. Provocó también
violentas reacciones que hemos de lamentar en el breve lapso de la
independencia croata, que no tuvo tiempo de asentarse y cicatrizar las heridas
del pasado.
Es por ello que los
comunistas, que luchaban en la guerra contra el Estado croata y por el
restablecimiento del Estado yugoslavo, con un régimen comunista reemplazando al
capitalismo primitivo que existía antes, proclamaron la igualdad de los pueblos
supuestamente hermanos y como idiomas oficiales del país pusieron el servio, el
croata, el esloveno y el macedonio, admitiendo que el segundo y el tercero
tuvieran su escritura latina y el primero y el cuarto su escritura cirílica.
Pero, pese a esta proclamación, que constitucionalmente fue consagrada con la
disposición que los textos legales deberían publicarse en los cuatro idiomas
oficiales, ya en el año 1956 volvió a forzarse la unificación del servio y el
croata considerándolos como un sólo idioma con dos variantes.
En la práctica, el
ejército, los medios masivos de comunicación, el partido único, la Liga de los
Comunistas Yugoslavos, usaban una "lingua franca" basada en el
idioma servio tal como se habla en la ciudad de Belgrado, destruyendo, con su
famosa neohabla comunista, no sólo el croata como expresión cultural de una
nación, sino desvirtuando hasta el servio que era el idioma que deseaban
proteger y que de un idioma vigoroso y claro se transformó en un
"colage" de extranjerismos, barbarismos y neologismos, que los
campesinos servios difícilmente podrán reconocer como propio. El afán de un
pueblo en destruir los valores y las expresiones de otro pueblo, a la larga se
revierte en contra de los dominadores, los que finalmente, al ganar, pierden
también lo que tenían de valioso.
Si
hemos visto que un régimen materialista como es el comunista, confiere tanta
importancia a destruir en nombre del lema "fraternidad y unidad" todo
lo que no era servio, ¿qué podemos esperar del mismo en el campo económico y
social que es su dominio preferido?
En cuarenta años, Yugoslavia
que, como conjunto, era un país con una agricultura y ganadería bien desarrolladas,
exportadora de granos y de carnes, se ha transformado en importadora neta de
productos alimenticios, lo que financian los Estados Unidos de América, en
nombre de su lucha contra el bloque soviético, y que ha provocado un éxodo de
los campesinos no sólo a la industria, cuyo rendimiento es ahora mucho más
pobre que antes de la guerra, sino como mano de obra barata para los países
industriales del occidente. En estas migraciones, el mayor porcentaje
corresponde a los croatas, cuya pesca marítima, agricultura, ganadería y
minería se vieron destruidas, a fin de quebrar su poderío económico y hacer el
país más maleable para los intentos unificadores yugoslavos, por una parte, y
la estructuración del comunismo, por la otra.
Un régimen comunista croata
ciertamente no hubiera resuelto todos los problemas políticos o económicos,
porque ciertos errores son inherentes al sistema comunista, como lo vemos en
los demás países de Europa Oriental. Pero tampoco hubiese exportado mano de
obra barata y provocado la destrucción sistemática de los bienes existentes
como lo hizo Yugoslavia en las comarcas croatas. Hubiera tratado de reforzar la
economía socialista tambaleante con aquellas ramas que en sí eran productivas y
rendidoras, tal como lo hizo el régimen comunista húngaro o lo tratan de hacer,
con menos éxito, el polaco y el rumano.
Un régimen comunista croata
no hubiese destruido su propio ejército por cuestiones étnicas y nacionales,
sino hubiera tratado de mantenerlo como baluarte de su defensa, contrariamente
al régimen yugoslavo. que usaba, por ejemplo, soldados de la minoría albanesa,
junto con unidades servias, para sofocar en 1971 el descontento popular en
Croacia, y soldados croatas mezclados con los servios, para aplastar el
levantamiento de los albaneses en la Provincia de Kosovo, en 1983 y 1984.
Un régimen que trata de
reducir la autonomía eslovena, colonizando otros grupos étnicos en un país
hasta entonces étnicamente puro y sin problemas raciales o étnicos, ya habla
claramente qué es lo que se puede esperar de Estados multinacionales. Nuevos
problemas, más graves y más insolubles, en vez de soluciones a los existentes:
*
* *
¿Hace falta agregar más para explicar por qué los
croatas desean independizarse? Creo que de lo expuesto, resulta claro que los
Estados multinacionales en los cuales han vivido sólo les impidieron un
desarrollo normal y en nombre de intereses superiores, los llevaron de una
dictadura a otra.
Dicho en
términos positivos: Los croatas desean independizarse para poder vivir
normalmente, como los demás pueblos, desarrollar sus propios valores, organizar
su propia vida y alcanzar, con el tiempo, un régimen político de libertad, una
economía racional y sin trabas, y un orden social justo, acorde con sus
intereses nacionales.